Lo que han hecho los científicos estadounidenses no es construir un marcapasos en miniatura, sino transformar, con terapia génica, células del músculo cardiaco (cardiomiocitos) en otras con capacidad para organizar el ritmo cardiaco. Gracias a este virus modificado genéticamente, estas células se convierten en un marcapasos biológico y natural.
PROBADO EN CERDOS
El experimento se hizo en cerdos, un animal con una anatomía cardiaca muy parecida a la humana. Tras la inyección del gen corrector, los cardiomiocitos se reprogramaron y generaron impulsos eléctricos espontáneamente. Las nuevas células no se podían distinguir de las que de forma natural realizan esta función.
El ritmo cardíaco está controlado por señales eléctricas y si se produce un desajuste las consecuencias pueden ser fatales. Las células 'marcapasos' generan una actividad eléctrica que se propaga a otras células del corazón en un patrón ordenado para crear contracciones musculares rítmicas. Si estas células no funcionan, el corazón bombea de forma errática y los pacientes deben someterse a una cirugía para que se les coloque un marcapasos electrónico.
ADIÓS A LOS MARCAPASOS
Si se confirman los resultados, la terapia podría aplicarse en pacientes con una inyección directa al corazón o mediante la generación de estas células marcapasos en el laboratorio y su posterior trasplante.
Existen numerosos tipos de arritmias pero la que más presentan los pacientes a los que se les coloca un marcapasos es la bradicardia. Eso ocurre por un descenso de la frecuencia cardíaca es decir, cuando ésta es inferior a 60 ppm (pulsaciones por minuto) en reposo. Por ese ritmo bajo, los pacientes tienen un gran cansancio, debilidad y mareos. Otras personas que pueden necesitar un marcapasos han sufrido una disminución drástica y repentina de la frecuencia cardiaca o padecen una lesión del músculo cardíaco tras un infarto.






